Durante muchos años, el kilometraje fue el principal criterio para decidir cuándo llevar un vehículo al taller. Sin embargo, esa lógica hoy resulta insuficiente.
Los vehículos modernos, el tráfico actual y los distintos hábitos de conducción han cambiado por completo la forma en que los componentes se desgastan.
Dos autos con la misma edad y el mismo kilometraje pueden presentar condiciones mecánicas muy distintas. Y no es casualidad: es el resultado del uso real, el entorno y el criterio de mantenimiento aplicado a lo largo del tiempo.
- Kilometraje no es lo mismo que uso real
El kilometraje solo indica cuántos kilómetros se recorrieron, pero no cómo se recorrieron. Para la postventa, esa diferencia es clave.
Por ejemplo:
- 10 000 km en carretera implican un desgaste más uniforme.
- 10 000 km en ciudad significan arranques constantes, frenadas, calor, baja velocidad y mayor exigencia mecánica.
Desde un punto de vista técnico, el entorno urbano genera mayor estrés en los componentes, aunque el kilometraje sea el mismo. Aquí es donde muchos mantenimientos se retrasan sin que el conductor lo note.
- Las horas de motor también importan
En ciudades con tráfico intenso, como ocurre en gran parte del país, un vehículo puede pasar horas con el motor encendido avanzando pocos kilómetros.
Esto implica:
- Mayor generación de calor
- Más ciclos de desgaste
- Mayor contaminación interna del motor
Un caso típico es el uso urbano intensivo: un vehículo puede recorrer pocos kilómetros al mes, pero acumular una gran cantidad de horas de funcionamiento. Por eso, muchos fabricantes ya contemplan mantenimientos por condiciones severas, más allá del kilometraje.
- El clima y el entorno influyen más de lo que parece
El kilometraje no refleja el entorno donde opera el vehículo. No es lo mismo circular en:
- Zonas costeras, con humedad y salitre
- Zonas de altura, donde cambia la combustión
- Zonas húmedas, con mayor riesgo de corrosión
Lubricantes, frenos, refrigerante, batería y sistemas eléctricos reaccionan de forma distinta según el clima. El mantenimiento debe adaptarse a estas condiciones, no ignorarlas.
- Los hábitos de conducción también cuentan
Aquí se encuentra una de las mayores diferencias entre vehículos aparentemente iguales.
Factores como:
- Conducción agresiva
- Sobrecarga frecuente
- Uso con remolque
- Arranques en frío constantes
- Uso esporádico prolongado
aceleran el desgaste de distintos sistemas. En la industria esto se conoce como operación severa, aunque muchos conductores lo consideren un uso normal.
- La tecnología actual exige otro enfoque
Los vehículos modernos incorporan tecnologías que dependen más del estado y las condiciones de uso que del kilometraje recorrido, como:
- Sistemas electrónicos y sensores
- Turbos
- Start/Stop
- Inyección directa
- Baterías AGM o EFB
- Sistemas de asistencia a la conducción
Estos componentes son especialmente sensibles a la temperatura, la lubricación y el uso urbano intensivo. Por eso, esperar solo al kilometraje puede resultar tardío.
- El mantenimiento preventivo existe para evitar el correctivo
Desde un punto de vista operativo, el mantenimiento preventivo siempre es más eficiente que el correctivo.
Cambiar un fluido o un componente a tiempo implica un costo controlado.
Ignorar una condición hasta que se convierta en falla genera:
- Reparaciones más costosas
- Mayor tiempo de inmovilización
- Pérdida de confiabilidad del vehículo
La postventa no corrige errores: previene pérdidas.
- El manual del fabricante es la base, no el límite
El manual establece un estándar general, pero no contempla todas las realidades de uso.
Por eso, un concesionario autorizado debe interpretar esa información considerando:
- Condiciones reales de manejo
- Entorno
- Hábitos del conductor
- Estado general del vehículo
Ahí está la diferencia entre cambiar piezas por rutina y mantener el vehículo con criterio técnico.
Conclusión: el mantenimiento es contexto, no solo kilómetros
Depender únicamente del kilometraje simplifica un problema que es mucho más complejo. Para prolongar la vida útil del vehículo y evitar correctivos innecesarios, el mantenimiento debe considerar:
- Kilometraje
- Horas de motor
- Condiciones de uso
- Clima
- Hábitos de conducción
- Tecnología del vehículo
Quienes entienden esto gastan menos a largo plazo, conservan mejor el valor de su vehículo y reducen fallas inesperadas.
En talleres autorizados, el asesor técnico tiene la capacidad de evaluar todos estos factores y recomendar lo que realmente necesita tu vehículo. No se trata de cambiar más, sino de cambiar a tiempo y con criterio, como lo hacemos en Grupo Maquinarias.